14 de octubre de 2020

Liberalización de la caza

El riesgo para paseantes

Zorro ibérico (foto de Ramón Portellano)

Acaba de entrar en vigor un nuevo Plan de Aprovechamiento Cinegético para los dos cotos municipales en las faldas de La Peñota, tramitado con tanta discreción que ha salido a la luz solo tras su aprobación por la Comunidad. Los cotos pasan a ser de caza mayor. Se permite la caza al salto (andando por el campo), en mano (en cuadrilla), en puesto fijo (al acecho), en rececho o de aguardo o espera (con guarda de caza), y de montería o gancho (con ojeo y rehala), además de la cetrería y la suelta de perdices y faisanes, para ser cazados. Se tirará sobre los jabalíes a balazos o con arco, y los zorros (que a su vez cazan topillos) se podrán matar en cada cacería.

Pero ¿el uso recreativo de nuestros caminos es compatible con tanta salida al monte a sembrar la muerte? El riesgo para paseantes y la eficacia intimidatoria de la caza en paraje público saltan a la vista, aunque sus cuarteles se acordonen. El objetivo del Libro Blanco del Turismo, de atraer a un turismo sostenible, de amantes de la naturaleza y la vida sana, casa mal con tanta caza y derribo. En todo caso pedimos que el plan se audite y certifique según criterios técnicos (como los de Geciso).

Los Molinos se habrá excluido del Parque Nacional, pero nos abarca su Zona Periférica de Protección. Proteger la naturaleza, pues, nos incumbe. Pero pasamos la fauna por las armas. Antes que favorecer el paseo y el deporte eco-responsable, abrimos los caminos a los todoterrenos. Antes que cuidar nuestra montaña emblemática, la salpicamos de plomo, balas, casquillos, etc., y de aves exóticas, para alterarla con ruido bélico. ¿Nuestro ecosistema no merece mejor trato?

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