El avance del Plan General de Ordenación Urbana de Los Molinos ya está publicado, sustituyendo al avance anterior desestimado por la Comunidad de Madrid en 2020. Prevé amplias reclasificaciones a suelo urbano o urbanizable y un fuerte crecimiento, añadiendo viales por el oeste y urbanizando prados con cientos de viviendas y en potencia, con las reclasificaciones, miles.
Los documentos están en trámite de información, con un plazo de 45 días para sugerencias, y ayer el Plan se presentó en el Salón de Plenos ante unos 50 vecinos. El responsable habló de la conveniencia de fomentar la conectividad entre el suelo urbano y el medio natural, destacando el corredor fluvial previsto para dar valor al río, y explicó que la previsión de crecimiento demográfico, del 35% en 20 años, se basó en fórmulas polinómicas. Este tipo de fórmulas no las maneja cualquiera, y así el Plan, con miles de páginas repletas de siglas, tablas y planos, privilegia la complejidad, lo que puede llevar al ciudadano a resignarse ante el llamado “proceso urbanizador”.
Sin duda conviene incorporar a las casas fuera de planeamiento, hacer algo con el sanatorio y otros caserones desocupados, y aprovechar diversos solares y parcelas de vocación urbana, como alguna que se contempla junto a la M-622. Conviene construir unas cuantas viviendas asequibles de residencia habitual, no aptas para inversores. Y si se puede encajar un campo de fútbol, genial. El enfoque, sin embargo, es más expansivo que el del avance de 2019. Entonces dictaminó la Dirección General de Urbanismo que “La propuesta de 375 nuevas viviendas parece desajustada”, y “no queda acreditado que la propuesta de planeamiento responda a unas necesidades reales (...) en un municipio con una ocupación urbana muy significativa”. ¿Este dictamen no aconsejaba un planteamiento conservador?
De nuevo se prevé colmatar los espacios a orillas del río. Dijo la Dirección General en 2020 que “una parte considerable de los ámbitos propuestos suponen la colmatación de espacios vacantes en torno al río” cuando “se han delimitado zonas sensibles a las inundaciones y (...) la preservación del medio natural es uno de los objetivos fundamentales del futuro PGOU”. En la imbricación del pueblo con el medio natural, además, reside su encanto, aunque sí vive de espaldas a su río.
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| Ganado en El Chaparral, en el Camino de Los Molinos a Navacerrada |
De nuevo se prevé abrir al urbanismo parajes como Los Llanos y El Chaparral, tras decir la Comunidad de Madrid, al desaconsejar la urbanización de estos espacios regados por arroyos, que “el municipio (...) cumple su función dentro del territorio (...) como área captadora de agua, declarada Zona Sensible dentro del Plan Hidrológico de la Cuenca del Tajo, cuya pervivencia, de continuar la tendencia de crecimientos y ocupaciones del suelo (...) está seriamente amenazada”. Quien ve estos espacios como solares solo tiene que imponerse una vez, mientras que quien los valora tiene que resistir un asalto tras otro.
Hoy parece que cada país o pueblo debe “hacerse grande”, y también el avance del PGOU de Cercedilla va en este sentido. Si los dos pueblos pasan a formar una ciudad, desde luego serán más grandes, ¿pero serán mejores? Lo dudamos.






























